
El término de un momento a otro comienza a mutar, crecer y expandirse, como Tetsuo en Akira[1]. Crece en el espacio formado por un grupo de personas que lo alimentan, nace en la relación de las personas que alimentan el término con la ciudad y el rincón sucio que lo generó. Muta en la fricción fruto del encuentro de los referentes de ficción y los “reales”, que se encuentran en el lenguaje de la ciudad.
Las gárgolas y sus definiciones enciclopédicas, mitológicas o arquitectónicas son variadas e indeterminadas y han ofrecido una imagen altamente seductora a los ciudadanos. No es extraño que nos encontremos con muchas variaciones, aplicaciones y usos de la palabra gárgola[2]. Hoy veremos una variación y aplicación local del término, que se despliega entre un grupo de personas: Balta, Mato, KNV, Igor y Ele. No son los únicos que utilizan esta variación del termino, sólo son una pequeña muestra[3].
Antes de nombrar a lo gárgola se nombra a los gárgolas.[4] Se parte por hacer una comparación, una distinción de figuras en alto contraste: los vagos, mendigos, delincuentes, drogadictos contrastan con los ciudadanos “urbanizados”. Entonces son nombrados como los gárgolas. Con esto se da una vuelta más (puede ser de más) a la imagen de la gárgola y a la de los personajes “marginales”. Es una vuelta que se da por fuera de los términos canónicos, paseando por un espacio de ficción.
Las gárgolas se encuentran en el centro de la ciudad, a las afueras de las iglesias. Desde siempre la gárgola habitó el límite. Son personajes diferentes a los normales. Los gárgolas aparecen como drogadictos o vagabundos en el centro de la ciudad. La primera diferencia que los dibuja es su desventaja o su precariedad en relación con los personajes urbanos o ciudadanos. Como humanos, similares, pero corrompidos, “supongamos...tiene que ver con el ser mitológico... que sin duda resguarda las fachadas de las casas... generalmente es un engendro mutante... deprivado... angurri... versiones mas actuales de una gárgola prácticamente puede ser f de marebito... o samara...”[5]. Los gárgolas aparentemente están en desventaja en relación con los “otros normales”, con los que contrastan. Ser deprivado o angurri son formas de la carencia que necesariamente tienen que ver con lo económico; un drogadicto no llega a ser angurri (o angustiado) si tiene con qué solventar su adicción; no anda angurri por ahí. Haber estado deprivado, implica, a su vez, una carencia que queda marcada en el cuerpo, con la desnutrición social, emocional y corporal. La imagen que genera el gárgola es horrenda, como la de la gárgola. Repulsivas y violentas, las siluetas dibujadas en el centro de la ciudad tienen una resonancia de la brecha social, de la migración, de lo marginal..., sin embargo, en la ciudad que les sirve de marco y en el lenguaje que las nombra, aparecen como otra cosa: humanos que son gárgolas. El espacio (el lenguaje) en el que irrumpen no las ve directamente, sino que las media ficcionándolas, mutándolas (nuevamente, o aún más) en versiones de seres mitológicos. Esta distancia da cuenta de la escena que generan, su irrupción implica una separación, crean un espacio falso en el que su materialidad es mediada por la generación de un apodo, o sobrenombre, lo que implica que quienes nombran y quienes son nombrados se encuentran y comparten un mismo lugar. El estado de la ciudad que las presenta exige (o por lo menos da cabida a) una forma adecuada de relacionarse con estos seres.
Puesto que no están de paso o irrumpiendo como las masas que entraban en la urbe, no están “sufriendo el flagelo de la droga que afecta a los santiaguinos”: son parte de la ciudad, y su precariedad es parte de su forma de estar en la ciudad. Hay algo de maligno y de lejano en estas apariciones, pero están tan adheridas al centro de Santiago como las gárgolas a la cornisa.
Otro aspecto que diferencia y nombra a los gárgolas es su índice de movimiento. En contraste con los cuerpos ocupados y con direcciones establecidas que se mueven por el centro de Santiago, bajo estrictos regímenes de horarios de trabajo y del comercio, los gárgolas aparecen deambulando o definitivamente detenidos en la ciudad (esta ralentización sin duda que acentúa su aparecer como imágenes). Se instalan en los rincones de la ciudad, aferrándose[6] -con garras de gárgola- a los pliegues y sombras que ofrecen las edificaciones. Contrastan con el flujo, se hacen a un lado (alimentando la relación de estas personas con las míticas gárgolas escupidoras de agua, pero a la inversa), manteniendo cierta relación parásita con los cuerpos urbanos. Es muy probable que si un ciudadano se detiene, se le acerque un gárgola “pero la gárgola se escuda con su actitud y apariencia, porque casi todos le temen a una gárgola. Una gárgola puede sorprender mucho a las personas que no estén gargolizadas, en especial cuando se acercan a pedir, ofrecer, molestar, etc.”[7]
Una gárgola puede sorprender mucho. Un gárgola, con su aspecto e índices de movimiento particulares, siempre aparece. La gárgola causa temor y sorprende, “ustedes nos olvidan cuando pasa el susto de la violencia que provocamos”[8], la disrupción provocada por los gárgolas es pasajera. Es un momento de sorpresa y de pérdida de tiempo. Cuando pasa el susto de la violencia provocada por los gárgolas todo vuelve a la normalidad, con su aparición por un instante rasga la escena de lo urbano (aparece cuando se constituye la escena a la que pertenece), generando otra situación por efecto de la fricción del encuentro. Cuando los gárgolas (y como veremos a continuación, lo gárgola) no son develados por la luz del día, se muestran en busca de algo: carentes y deseantes[9].
Luego de nombrar (o de apodar) a los gárgolas se amplían los usos de la palabra a lo gárgola; el término aparece en pequeños destellos de una actitud o modo de operar en lo cotidiano, rescatando ciertos aspectos de lo pícaro, lo abusivo, lo ilegal y de un oportunismo precario. Similar a “lo de vivo” (el término de uso coloquial que en su redundancia da cuenta de que lo que no está “de vivo” está medio muerto).
El lugar del que nace lo gárgola hereda ciertos aspectos del devenir histórico de las ciudades latinoamericanas, como es la conformación de cierta identidad fruto de la fricción producida por los choques de diversos grupos demográficos en las ciudades[10] y, por otra parte, se inserta en el heredado desbarajuste de la ciudad letrada[11]. Sin embargo aquí se distingue no un movimiento migratorio, sino un momento migratorio, que sería el momento del aparecer del gárgola y de lo gárgola, que se desvanece cuando pasa la impresión producida por la rasgadura de lo normal que provoca. Esto acontece en un espacio del lenguaje que teje relaciones con lo canónicamente mítico, entre la imagen monstruosa de la gárgola y las alusiones a otras monstruosidades perteneciente a relatos contingentemente ficcionales.
Marcola, citado anteriormente, es el líder encarcelado del Primer Comando de la Capital, una importante organización criminal brasileña. En torno a él se ha creado un texto, La Entrevista a Marcola por un periodista de la O Globo[12] que recoge datos “reales” en un texto de ficción. Esta vuelta de más (presente en la conformación de lo gárgola y los gárgolas, y también de una manera en el texto de Marcola), que pasa por la ficción, para ver y nombrar lo “real” es, por una parte, una manera de no ver directamente lo que se presenta como real, una forma de relacionarse con la realidad que denota una desconfianza hacia los organismos y disciplinas que se han abocado a la tarea de describir y difundir las realidades sociales, y, por otra, parte da cuenta de la avidez por llegar a conocer “aún más” algo haciéndolo parte del corpus propio de los términos utilizados coloquialmente.
En el texto aludido, Marcola habla de la post miseria, como una forma de nombrar el estadio de la vida en Sao Paulo en la que el se inscribe. Marcola como líder de un organismo criminal, tiene bajo su mando una especie nueva de personas, descritos precisamente como aliens surgidos de este nuevo estadio postmisérico. La distancia y la diferencia entre estas dos realidades sociales nos permiten tomar como un referente el escenario descrito por Marcola. Se establece una nueva relación con la ciudad, dejando de lado las construcciones y los discursos históricos levantados en torno a ella y sobre ella. La entrevista dibuja a Marcola como un supervillano, en el centro de su Tecnodromo (la prisión), desde donde panoptiza la ciudad; desde ahí, con la velocidad de una llamada telefónica, puede eliminar a cualquiera de los ciudadanos que se encuentran libres. “¿Ustedes intelectuales no hablan de lucha de clases, de ser marginal, ser héroe? Entonces ¡llegamos nosotros! ¡Ja, ja, ja...!”[13] Dice Marcola, acentuando su distancia con los discursos que entendió la ciudad hasta ahora[14]. El impacto generado por estas imágenes muestra el interés de algunos ciudadanos por agentes o personajes disruptores de la norma. Tanto las gárgolas como Marcola tienen la característica de aparecer, en lo urbano. A pesar de estar en la ciudad no son personajes urbanos. Esta aparición renueva una fricción como la que mencionábamos anteriormente. Mientras, al parecer, todo lo sólido ya se desvaneció en el aire, Marcola dice encontrarse en medio de lo Insoluble, como una figura visible en la transparencia del mal. Este personaje está en el límite o en el umbral de lo real. Aparece a la luz pública (aparece y es olvidado cuando pasa la violencia que provoca).
Las apariciones gárgolas en la ciudad imprimen una distancia, exigen una detención, y en ese movimiento configuran un lugar[15]; entonces la imagen plana adquiere un relieve, dado por la temporalidad, como la voz con eco es una voz con relieve fruto de una ralentización de su temporalidad[16].
[1] Katsuhiro Otomo. Akira. 1988. La película y el manga muestran una megalópolis (Neo-Tokio) en el momento de su colapso y destrucción (social y luego física). El cuerpo de Tetsuo excede sus límites, abrazando el cuerpo de la ciudad, tratando de fundirse con ella, destruyéndola.
[2] Llámese convergencia o esporulación o como sea, en Centroamérica podemos encontrar el video Randy, Arcángel y de la ghetto “soy una gárgola /ella quiere” en http://www.youtube.com/watch?v=La9TofouOq4 . en Argentina esta gárgola ediciones, que edita volúmenes de Alberto Laiseca y comics de Frank Miller (http://www.gargolaediciones.com.ar/). Así hay varios blogs y empresas que utilizan la figura de la gárgola, re-usándola debajo de los edificios.
[3] Parte de sus opiniones sobre este tema se encuentran disponibles en http://gargoilzfiles.blogspot.com/2007/05/opinion.html[3].
[4] : “se podría decir que knv es uno de los mentores de esta clasificación , que surgió si mal no recuerdo, en caminatas a comprar dvds o mejor dicho vcds donde harry potter , en el paseo ahumada ...siempre falto un concepto para describir esas siluetas medio pasteras , a contraluz que pululan por ahí por las tierras de la perubian mad y weas. luego la clasificación se ampliaría a "lo gargola" .......” Mato en http://gargoilzfiles.blogspot.com/2007/05/opinion.html consultado 29 05 07.
[5] KNV, [en línea] ( consultado 29/05/2007) http://gargoilzfiles.blogspot.com/2007/05/opinion.html. Se trata acá con una versión más actual de otra cosa, F de la película Marebito es una monstruo-adolescente que succiona la sangre del camarógrafo (el protagonista), que la encuentra (abandonada) en una de las capas del subsuelo de Tokio. Samara, de la película el aro, es un espíritu adolescente vengativo que deforma las caras de quienes tienen parte con su historia plasmada en una cinta de video.
[6] “No se trata aquí de disponer simplemente de un espacio y de ocuparlo, sino mas bien de aferrarse a él”, dice Sergio Rojas en relación con la ocupación del espacio por las viviendas periféricas, o poblaciones callampa. El desastre del lugar. p.385
[7] Ele [en línea] (consultado 29/05/2007) http://gargoilzfiles.blogspot.com/2007/05/opinion.html
[8] Marcola, entrevista del diario O Globo. En: http://www.lahaine.org/index.php?blog=3&p=19253
[9] (sic) “eske el término es muy amplio , como cuando se dice : "oye gargoliemonos a esas lokitas" o cuando se dice : " oye gargoliemonos unos nepanepa con palta" es muy amplio. siempre se refiere al attack a una actitud de buskeda constante” Mato [en línea] (consultado 29/05/07) http://gargoilzfiles.blogspot.com/2007/05/opinion.html
[10] Romero, José Luis, Latinoameria: Las ciudades y las ideas, Siglo XXI, Buenos Aires, 2001.
[11] La dicotomía presentada entre las producciones escriturales y los cuerpos que las reciben, descrito por Angel Rama.
[12] En: http://www.lahaine.org/index.php?blog=3&p=19253
[13] <> en http://punkfreejazzdub.blogspot.com/2007_01_01_archive.html.
[14] Esta entrevista suele causar dos tipos de reacciones en las gentes (¿comunes y corrientes?), una es de susto o miedo, la segunda es de aprecio del sentido común que muestra Marcola.
[15] Acá hago uso del término descrito por Sergio Rojas en El desastre del lugar.
[16] ”eu voce u vampiru!!/ um lindo cisne com apetite de buitre/ o mundo pertenece aos belos, pequenino!!!/ por isso pessoas como nós devem se unir!!!/
somos cicatrizes no rosto da humanidade..../ ignorados, humilhados, ridicularizados a pesar/ de possuirmos a genialidade de nossa espécie............ $knv$ **batman ..... o projeto pingüim**” en http://www.fotolog.com/kaeneuve/11709577.
Las gárgolas y sus definiciones enciclopédicas, mitológicas o arquitectónicas son variadas e indeterminadas y han ofrecido una imagen altamente seductora a los ciudadanos. No es extraño que nos encontremos con muchas variaciones, aplicaciones y usos de la palabra gárgola[2]. Hoy veremos una variación y aplicación local del término, que se despliega entre un grupo de personas: Balta, Mato, KNV, Igor y Ele. No son los únicos que utilizan esta variación del termino, sólo son una pequeña muestra[3].
Antes de nombrar a lo gárgola se nombra a los gárgolas.[4] Se parte por hacer una comparación, una distinción de figuras en alto contraste: los vagos, mendigos, delincuentes, drogadictos contrastan con los ciudadanos “urbanizados”. Entonces son nombrados como los gárgolas. Con esto se da una vuelta más (puede ser de más) a la imagen de la gárgola y a la de los personajes “marginales”. Es una vuelta que se da por fuera de los términos canónicos, paseando por un espacio de ficción.
Las gárgolas se encuentran en el centro de la ciudad, a las afueras de las iglesias. Desde siempre la gárgola habitó el límite. Son personajes diferentes a los normales. Los gárgolas aparecen como drogadictos o vagabundos en el centro de la ciudad. La primera diferencia que los dibuja es su desventaja o su precariedad en relación con los personajes urbanos o ciudadanos. Como humanos, similares, pero corrompidos, “supongamos...tiene que ver con el ser mitológico... que sin duda resguarda las fachadas de las casas... generalmente es un engendro mutante... deprivado... angurri... versiones mas actuales de una gárgola prácticamente puede ser f de marebito... o samara...”[5]. Los gárgolas aparentemente están en desventaja en relación con los “otros normales”, con los que contrastan. Ser deprivado o angurri son formas de la carencia que necesariamente tienen que ver con lo económico; un drogadicto no llega a ser angurri (o angustiado) si tiene con qué solventar su adicción; no anda angurri por ahí. Haber estado deprivado, implica, a su vez, una carencia que queda marcada en el cuerpo, con la desnutrición social, emocional y corporal. La imagen que genera el gárgola es horrenda, como la de la gárgola. Repulsivas y violentas, las siluetas dibujadas en el centro de la ciudad tienen una resonancia de la brecha social, de la migración, de lo marginal..., sin embargo, en la ciudad que les sirve de marco y en el lenguaje que las nombra, aparecen como otra cosa: humanos que son gárgolas. El espacio (el lenguaje) en el que irrumpen no las ve directamente, sino que las media ficcionándolas, mutándolas (nuevamente, o aún más) en versiones de seres mitológicos. Esta distancia da cuenta de la escena que generan, su irrupción implica una separación, crean un espacio falso en el que su materialidad es mediada por la generación de un apodo, o sobrenombre, lo que implica que quienes nombran y quienes son nombrados se encuentran y comparten un mismo lugar. El estado de la ciudad que las presenta exige (o por lo menos da cabida a) una forma adecuada de relacionarse con estos seres.
Puesto que no están de paso o irrumpiendo como las masas que entraban en la urbe, no están “sufriendo el flagelo de la droga que afecta a los santiaguinos”: son parte de la ciudad, y su precariedad es parte de su forma de estar en la ciudad. Hay algo de maligno y de lejano en estas apariciones, pero están tan adheridas al centro de Santiago como las gárgolas a la cornisa.
Otro aspecto que diferencia y nombra a los gárgolas es su índice de movimiento. En contraste con los cuerpos ocupados y con direcciones establecidas que se mueven por el centro de Santiago, bajo estrictos regímenes de horarios de trabajo y del comercio, los gárgolas aparecen deambulando o definitivamente detenidos en la ciudad (esta ralentización sin duda que acentúa su aparecer como imágenes). Se instalan en los rincones de la ciudad, aferrándose[6] -con garras de gárgola- a los pliegues y sombras que ofrecen las edificaciones. Contrastan con el flujo, se hacen a un lado (alimentando la relación de estas personas con las míticas gárgolas escupidoras de agua, pero a la inversa), manteniendo cierta relación parásita con los cuerpos urbanos. Es muy probable que si un ciudadano se detiene, se le acerque un gárgola “pero la gárgola se escuda con su actitud y apariencia, porque casi todos le temen a una gárgola. Una gárgola puede sorprender mucho a las personas que no estén gargolizadas, en especial cuando se acercan a pedir, ofrecer, molestar, etc.”[7]
Una gárgola puede sorprender mucho. Un gárgola, con su aspecto e índices de movimiento particulares, siempre aparece. La gárgola causa temor y sorprende, “ustedes nos olvidan cuando pasa el susto de la violencia que provocamos”[8], la disrupción provocada por los gárgolas es pasajera. Es un momento de sorpresa y de pérdida de tiempo. Cuando pasa el susto de la violencia provocada por los gárgolas todo vuelve a la normalidad, con su aparición por un instante rasga la escena de lo urbano (aparece cuando se constituye la escena a la que pertenece), generando otra situación por efecto de la fricción del encuentro. Cuando los gárgolas (y como veremos a continuación, lo gárgola) no son develados por la luz del día, se muestran en busca de algo: carentes y deseantes[9].
Luego de nombrar (o de apodar) a los gárgolas se amplían los usos de la palabra a lo gárgola; el término aparece en pequeños destellos de una actitud o modo de operar en lo cotidiano, rescatando ciertos aspectos de lo pícaro, lo abusivo, lo ilegal y de un oportunismo precario. Similar a “lo de vivo” (el término de uso coloquial que en su redundancia da cuenta de que lo que no está “de vivo” está medio muerto).
El lugar del que nace lo gárgola hereda ciertos aspectos del devenir histórico de las ciudades latinoamericanas, como es la conformación de cierta identidad fruto de la fricción producida por los choques de diversos grupos demográficos en las ciudades[10] y, por otra parte, se inserta en el heredado desbarajuste de la ciudad letrada[11]. Sin embargo aquí se distingue no un movimiento migratorio, sino un momento migratorio, que sería el momento del aparecer del gárgola y de lo gárgola, que se desvanece cuando pasa la impresión producida por la rasgadura de lo normal que provoca. Esto acontece en un espacio del lenguaje que teje relaciones con lo canónicamente mítico, entre la imagen monstruosa de la gárgola y las alusiones a otras monstruosidades perteneciente a relatos contingentemente ficcionales.
Marcola, citado anteriormente, es el líder encarcelado del Primer Comando de la Capital, una importante organización criminal brasileña. En torno a él se ha creado un texto, La Entrevista a Marcola por un periodista de la O Globo[12] que recoge datos “reales” en un texto de ficción. Esta vuelta de más (presente en la conformación de lo gárgola y los gárgolas, y también de una manera en el texto de Marcola), que pasa por la ficción, para ver y nombrar lo “real” es, por una parte, una manera de no ver directamente lo que se presenta como real, una forma de relacionarse con la realidad que denota una desconfianza hacia los organismos y disciplinas que se han abocado a la tarea de describir y difundir las realidades sociales, y, por otra, parte da cuenta de la avidez por llegar a conocer “aún más” algo haciéndolo parte del corpus propio de los términos utilizados coloquialmente.
En el texto aludido, Marcola habla de la post miseria, como una forma de nombrar el estadio de la vida en Sao Paulo en la que el se inscribe. Marcola como líder de un organismo criminal, tiene bajo su mando una especie nueva de personas, descritos precisamente como aliens surgidos de este nuevo estadio postmisérico. La distancia y la diferencia entre estas dos realidades sociales nos permiten tomar como un referente el escenario descrito por Marcola. Se establece una nueva relación con la ciudad, dejando de lado las construcciones y los discursos históricos levantados en torno a ella y sobre ella. La entrevista dibuja a Marcola como un supervillano, en el centro de su Tecnodromo (la prisión), desde donde panoptiza la ciudad; desde ahí, con la velocidad de una llamada telefónica, puede eliminar a cualquiera de los ciudadanos que se encuentran libres. “¿Ustedes intelectuales no hablan de lucha de clases, de ser marginal, ser héroe? Entonces ¡llegamos nosotros! ¡Ja, ja, ja...!”[13] Dice Marcola, acentuando su distancia con los discursos que entendió la ciudad hasta ahora[14]. El impacto generado por estas imágenes muestra el interés de algunos ciudadanos por agentes o personajes disruptores de la norma. Tanto las gárgolas como Marcola tienen la característica de aparecer, en lo urbano. A pesar de estar en la ciudad no son personajes urbanos. Esta aparición renueva una fricción como la que mencionábamos anteriormente. Mientras, al parecer, todo lo sólido ya se desvaneció en el aire, Marcola dice encontrarse en medio de lo Insoluble, como una figura visible en la transparencia del mal. Este personaje está en el límite o en el umbral de lo real. Aparece a la luz pública (aparece y es olvidado cuando pasa la violencia que provoca).
Las apariciones gárgolas en la ciudad imprimen una distancia, exigen una detención, y en ese movimiento configuran un lugar[15]; entonces la imagen plana adquiere un relieve, dado por la temporalidad, como la voz con eco es una voz con relieve fruto de una ralentización de su temporalidad[16].
[1] Katsuhiro Otomo. Akira. 1988. La película y el manga muestran una megalópolis (Neo-Tokio) en el momento de su colapso y destrucción (social y luego física). El cuerpo de Tetsuo excede sus límites, abrazando el cuerpo de la ciudad, tratando de fundirse con ella, destruyéndola.
[2] Llámese convergencia o esporulación o como sea, en Centroamérica podemos encontrar el video Randy, Arcángel y de la ghetto “soy una gárgola /ella quiere” en http://www.youtube.com/watch?v=La9TofouOq4 . en Argentina esta gárgola ediciones, que edita volúmenes de Alberto Laiseca y comics de Frank Miller (http://www.gargolaediciones.com.ar/). Así hay varios blogs y empresas que utilizan la figura de la gárgola, re-usándola debajo de los edificios.
[3] Parte de sus opiniones sobre este tema se encuentran disponibles en http://gargoilzfiles.blogspot.com/2007/05/opinion.html[3].
[4] : “se podría decir que knv es uno de los mentores de esta clasificación , que surgió si mal no recuerdo, en caminatas a comprar dvds o mejor dicho vcds donde harry potter , en el paseo ahumada ...siempre falto un concepto para describir esas siluetas medio pasteras , a contraluz que pululan por ahí por las tierras de la perubian mad y weas. luego la clasificación se ampliaría a "lo gargola" .......” Mato en http://gargoilzfiles.blogspot.com/2007/05/opinion.html consultado 29 05 07.
[5] KNV, [en línea] ( consultado 29/05/2007) http://gargoilzfiles.blogspot.com/2007/05/opinion.html. Se trata acá con una versión más actual de otra cosa, F de la película Marebito es una monstruo-adolescente que succiona la sangre del camarógrafo (el protagonista), que la encuentra (abandonada) en una de las capas del subsuelo de Tokio. Samara, de la película el aro, es un espíritu adolescente vengativo que deforma las caras de quienes tienen parte con su historia plasmada en una cinta de video.
[6] “No se trata aquí de disponer simplemente de un espacio y de ocuparlo, sino mas bien de aferrarse a él”, dice Sergio Rojas en relación con la ocupación del espacio por las viviendas periféricas, o poblaciones callampa. El desastre del lugar. p.385
[7] Ele [en línea] (consultado 29/05/2007) http://gargoilzfiles.blogspot.com/2007/05/opinion.html
[8] Marcola, entrevista del diario O Globo. En: http://www.lahaine.org/index.php?blog=3&p=19253
[9] (sic) “eske el término es muy amplio , como cuando se dice : "oye gargoliemonos a esas lokitas" o cuando se dice : " oye gargoliemonos unos nepanepa con palta" es muy amplio. siempre se refiere al attack a una actitud de buskeda constante” Mato [en línea] (consultado 29/05/07) http://gargoilzfiles.blogspot.com/2007/05/opinion.html
[10] Romero, José Luis, Latinoameria: Las ciudades y las ideas, Siglo XXI, Buenos Aires, 2001.
[11] La dicotomía presentada entre las producciones escriturales y los cuerpos que las reciben, descrito por Angel Rama.
[12] En: http://www.lahaine.org/index.php?blog=3&p=19253
[13] <
[14] Esta entrevista suele causar dos tipos de reacciones en las gentes (¿comunes y corrientes?), una es de susto o miedo, la segunda es de aprecio del sentido común que muestra Marcola.
[15] Acá hago uso del término descrito por Sergio Rojas en El desastre del lugar.
[16] ”eu voce u vampiru!!/ um lindo cisne com apetite de buitre/ o mundo pertenece aos belos, pequenino!!!/ por isso pessoas como nós devem se unir!!!/
somos cicatrizes no rosto da humanidade..../ ignorados, humilhados, ridicularizados a pesar/ de possuirmos a genialidade de nossa espécie............ $knv$ **batman ..... o projeto pingüim**” en http://www.fotolog.com/kaeneuve/11709577.
1 comentario:
me gusta la firma de Kunova. Las letras son como sus dedos.
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